El alza en el transporte público ya comenzó a desplazar gastos
esenciales de miles de estudiantes universitarios, que ahora usan
dinero destinado a comida, materiales y tareas para poder llegar a clases.

El
aumento de los combustibles empezó a reflejarse en distintas rutas del transporte colectivo, provocando
nuevas presiones económicas sobre jóvenes que dependen de sus padres o
familiares para sostener sus estudios.
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Muchos estudiantes aseguran que habían abandonado el uso de vehículos privados
para reducir gastos, apostando por el transporte público como alternativa más
barata. Sin embargo, afirman que los recientes incrementos terminaron
afectando también esa opción.
Pasajes sin control y cobros variables
Uno de los principales reclamos es la falta de tarifas estables. Según
denuncian, el costo del pasaje cambia dependiendo de la ruta o incluso del
chofer, creando incertidumbre diaria para quienes salen con el dinero exacto.
La situación afecta especialmente a estudiantes que deben utilizar varias
rutas para llegar a universidades y centros técnicos, multiplicando el impacto
del aumento en sus presupuestos semanales.
Algunos jóvenes explican que el dinero destinado para copias, alimentación o
materiales académicos ahora termina absorbido por el transporte.
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La presión económica crece en las universidades
La preocupación aumenta entre quienes no tienen ingresos propios y dependen
totalmente del apoyo familiar para continuar estudiando.
Con los combustibles todavía registrando aumentos, estudiantes temen que el
encarecimiento del transporte siga deteriorando sus condiciones económicas y
complique la permanencia en las aulas.
El problema comienza a convertirse en otro factor de presión sobre el costo
real de estudiar en República Dominicana, donde movilidad y educación ahora
chocan directamente en el bolsillo de las familias.









