Por Fidel Soto
La Revolución de Abril de 1965 continúa siendo uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia dominicana contemporánea.
Precisamente por su importancia histórica, su estudio exige rigor, honestidad intelectual y un cuidadoso examen de las fuentes y testimonios disponibles.
Sin embargo, alrededor de aquellos hechos se han difundido interpretaciones que, al ser confrontadas con documentos, testimonios directos y relatos de protagonistas fundamentales, presentan serias inconsistencias históricas.
Tres de esas versiones merecen una revisión crítica: la supuesta relación de Rafael Tomás Fernández Domínguez con el gobierno de los Estados Unidos, la falsa idea de que Juan Bosch promovió una rendición de los constitucionalistas y la caracterización de la muerte de Fernández Domínguez como un acto suicida.
Fernández Domínguez no regresó enviado por Washington.
Presentar al coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez como un hombre enviado por Lyndon B. Johnson contradice no solo la lógica política de la época, sino también los testimonios documentales del propio militar constitucionalista.
Las cartas enviadas a su esposa, Arlette Fernández, revelan a un hombre decidido a regresar al país para incorporarse a la lucha armada contra la intervención extranjera y en defensa de la Constitución de 1963 y del gobierno legítimo de Juan Bosch.
En esos escritos queda evidenciado que realizó múltiples esfuerzos para ingresar al territorio nacional, enfrentando obstáculos y riesgos constantes. Nada en esos documentos sugiere subordinación a intereses estadounidenses.
Por el contrario, reflejan compromiso patriótico, convicción constitucionalista y disposición al sacrificio.
Las referencias históricas recogidas por Milagros Ortiz Bosch también contribuyen a desmontar la tesis del supuesto “envío” desde Washington, al documentar las dificultades y gestiones relacionadas con el retorno del coronel al país.
La realidad histórica apunta exactamente en dirección opuesta: Fernández Domínguez regresó a combatir una intervención militar norteamericana que violentaba la soberanía dominicana.
Bosch nunca ordenó una rendición.
Una de las afirmaciones más injustas contra Juan Bosch ha sido sostener que envió al coronel Fernández Domínguez con un mensaje de rendición dirigido al liderazgo constitucionalista.
Esa versión no resiste un análisis serio de las fuentes históricas.
El testimonio del doctor Jottin Cury resulta fundamental para esclarecer este punto. En declaraciones recogidas por el Archivo General de la Nación, Cury explica que Bosch, consciente de la desproporción militar creada tras la invasión estadounidense y preocupado por la vida de los combatientes y del pueblo dominicano, favorecía explorar una salida política negociada al conflicto.
Pero una salida negociada no equivale a una rendición.
La diferencia histórica y moral entre ambos conceptos es enorme. Negociar en medio de una invasión extranjera y de un evidente desequilibrio militar era una posición política orientada a preservar vidas y evitar un exterminio de las fuerzas constitucionalistas, no una claudicación de principios.
El propio testimonio de Fafa Taveras confirma esa realidad. Según sus declaraciones, Fernández Domínguez transmitía la necesidad de mantener la resistencia y, desde esa posición de combate, abrir posibilidades políticas de negociación. Es decir, la negociación debía surgir desde la firmeza y la dignidad de la resistencia armada, no desde la capitulación.
Bosch jamás renunció a la legitimidad constitucional ni al derecho del pueblo dominicano a decidir soberanamente su destino. Su preocupación era impedir un baño de sangre aún mayor en un escenario donde la revolución había quedado prácticamente cercada por el poderío militar extranjero.
Reducir esa postura a una “orden de rendición” constituye una deformación histórica incompatible con los testimonios de protagonistas directos de los hechos.
La acción del 19 de mayo no puede reducirse a la palabra “suicidio”.
Calificar simplemente como “suicida” la operación militar en la que cayó Fernández Domínguez implica ignorar el contexto real de la guerra de abril.
La Revolución Constitucionalista se desarrolló bajo condiciones extremadamente desiguales. Los combatientes dominicanos enfrentaban no solo a las fuerzas remanentes del golpe de Estado, sino también a una de las mayores potencias militares del mundo.
En ese escenario, numerosas acciones militares implicaban riesgos extraordinarios: la defensa del puente Duarte, la resistencia durante la Operación Limpieza, los combates en Ciudad Nueva y las distintas ofensivas constitucionalistas respondían a la lógica de una guerra desigual, donde la moral, la iniciativa y la capacidad de resistencia eran factores decisivos.
Fernández Domínguez era un militar profesional, formado y experimentado. Las operaciones en las que participó no respondían a impulsos irracionales, sino a criterios tácticos y estratégicos compartidos por otros oficiales y combatientes.
Quienes enfrentan una intervención extranjera en condiciones de inferioridad militar asumen riesgos extremos. Eso forma parte de la naturaleza misma de toda guerra patriótica y de resistencia.
La defensa histórica de Bosch y del constitucionalismo.
Los testimonios y documentos disponibles permiten sostener que Juan Bosch mantuvo, durante toda la crisis de abril, una posición coherente con sus principios democráticos y constitucionales.
Bosch defendía el retorno al orden constitucional, rechazaba la intervención extranjera y procuraba evitar una tragedia humana de mayores dimensiones. Esa posición no puede ser reinterpretada como debilidad ni mucho menos como traición.
De igual manera, Fernández Domínguez encarnó el compromiso militar y patriótico con la soberanía nacional y con el restablecimiento de la Constitución de 1963.
La historia dominicana merece ser estudiada con equilibrio, rigor documental y respeto a la verdad histórica. Las interpretaciones que no logran sostenerse sobre pruebas consistentes terminan debilitándose frente a los testimonios de quienes vivieron, combatieron y protagonizaron aquellos acontecimientos.
Defender la verdad sobre Bosch y sobre la Revolución de Abril no es un simple ejercicio de memoria: es también una defensa de la dignidad histórica del pueblo dominicano.









