El presidente Luis Abinader hizo que su Congreso modificara la ley orgánica
del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA). Designó
como director a su amigo Wellington Arnauld, un abogado.

La política parece ser “privatizar el agua”. O, como Abinader le llama, una
“alianza público-privada”, donde el Estado destruye la vieja infraestructura
de suministro acuífero, y el sector privado cobra para construir una nueva.
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Mi batey natal, el municipio de Consuelo, en San Pedro de Macorís, lo muestra
en pantalla gigante.
INAPA gastó RD$125 millones “mejorando” el tanque de almacenamiento y
distribución de agua en Consuelo, el tanque explotó, 17 mil hogares quedaron
sin agua, no fue ineficiencia.
Ocurrió en Moca y otros lugares, este es un plan. Parece el “aporte” del
gobierno, que no resuelve el problema que él creó; ahora el sector privado
cobra, y a cada hogar paga, por conseguir agua.
Desde que explotó el tanque el 5 de noviembre de 2025, el sector privado
construye pozos tubulares para garantizar el agua.
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Cada pozo cuesta entre RD$175 y RD$200.000, excavan miles en todo Consuelo, y
ahí está el principal peligro de toda esta aventurera alianza
“público-privada”.
Consuelo tiene fuentes acuíferas tan abundantes e interconectadas, que el
primer ingenio del lugar lo nombraron “Ingenio Agua Dulce”. Consuelo también
debe tener al menos 17.000 letrinas y sanitarios que descargan en esas
corrientes soterradas, las mismas de las que hoy toman el agua para consumo
humano.
Las posibilidades de que los desechos se conecten con el agua de consumo, y
desaten un problema de salud para el que nadie está preparado, son muchas.
A ese problema sanitario debemos buscarle un nombre apropiado.
En el año 180, en Roma, una plaga mató a millones; la llamaron la “Plaga de
Antonino”. Gobernaban Marco Aurelio y Lucio Vero, herederos del emperador
Antonino Pío. En el año 541, la peste bubónica arrasó Constantinopla, la
capital del Imperio bizantino, y la llamaron la “Plaga de Justiniano”, el
emperador del momento.
Si la “alianza público-privada” de Abinader desencadena un problema sanitario,
lo llamaremos “la Peste de Abinader”.
Por J.C. Malone









