La decisión del Gobierno dominicano de reducir entre RD$3.00 y RD$5.00 por
galón los precios de las gasolinas y el gasoil en la semana del 4 al 10 de
julio de 2026 mientras anuncia un subsidio de RD$424.53 millones, merece un
análisis más profundo que vaya más allá del titular. La pregunta central es si
esta rebaja responde a una disminución real de los costos internacionales o si
constituye una medida de carácter político y fiscal destinada a amortiguar el
impacto sobre los consumidores.

El propio comunicado del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM)
reconoce un hecho importante: los precios internacionales de los combustibles
refinados no han bajado; por el contrario, han aumentado significativamente.
Esto implica que la reducción anunciada no proviene de una caída del mercado,
sino de una decisión del Estado de asumir parte del costo mediante subsidios.
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Un mercado internacional todavía bajo presión
El Gobierno atribuye el aumento de los costos al conflicto geopolítico en
Medio Oriente iniciado en febrero de 2026, que ha provocado un incremento
considerable en el llamado Crack Spread o margen de refinación.
Los datos oficiales son reveladores:
– El margen de refinación del gasoil pasó de US$37.29 a US$62.64 por barril,
un aumento cercano al 68%.
– En la gasolina, el margen aumentó de US$24.67 a US$52.19 por barril, más del
111%.
Estos indicadores reflejan que el combustible refinado continúa siendo mucho
más costoso que hace apenas cuatro meses. En consecuencia, desde el punto de
vista técnico no existían condiciones internacionales que justificaran una
reducción de precios al consumidor.
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El subsidio: la verdadera explicación
La disminución de los precios solo ha sido posible gracias al subsidio estatal
de RD$424.53 millones para una sola semana.
En otras palabras, el consumidor pagará menos, pero el costo no desaparece;
simplemente es trasladado al Estado, que debe financiar esa diferencia con
recursos públicos provenientes de impuestos o endeudamiento.
Esta política tiene un claro objetivo social: evitar que el aumento de los
combustibles se traduzca en mayores costos del transporte de pasajeros y de
carga, lo que terminaría elevando los precios de los alimentos y otros bienes
de consumo masivo.
¿Es proporcional la rebaja?
Al analizar la magnitud de la reducción surge una observación interesante.
Mientras los márgenes internacionales de refinación muestran incrementos de
entre 68% y 111%, la reducción local apenas representa entre 0.9% y 1.6% del
precio final de los combustibles.
Por ejemplo:
– La gasolina regular baja de aproximadamente RD$310.50 a RD$305.50 por galón,
apenas un 1.6%.
– La gasolina premium disminuye alrededor de un 0.9%.
Es decir, la rebaja es pequeña en comparación con la volatilidad
internacional, precisamente porque responde al esfuerzo fiscal del Gobierno y
no a una reducción real de los costos internacionales.
El caso del GLP
Otro aspecto relevante es la decisión de mantener congelado el precio del GLP
en RD$137.20 por galón.
El GLP es el combustible utilizado por millones de hogares dominicanos para
cocinar y por una gran parte del parque vehicular. Mantener su precio estable
durante un año, pese al incremento de los costos internacionales, representa
probablemente el componente de mayor impacto social dentro de la política de
subsidios.
No obstante, también implica una creciente presión sobre las finanzas públicas
si los precios internacionales permanecen elevados.
Dependencia del mercado internacional
El propio MICM recuerda que la República Dominicana solo refina alrededor del
20% del combustible que consume, por lo que depende casi totalmente de la
importación de productos refinados.
Esta realidad hace que el país sea altamente vulnerable a:
– conflictos internacionales
– aumentos en los márgenes de refinación
– variaciones del precio del petróleo
– fluctuaciones del tipo de cambio
Mientras esta dependencia continúe, el Gobierno tendrá un margen limitado para
controlar los precios internos sin recurrir a subsidios.
Una decisión con impacto económico y político
La reducción beneficia directamente a los consumidores y contribuye a contener
la inflación, especialmente en un contexto donde el transporte influye sobre
prácticamente todos los precios de la economía.
Sin embargo, también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de esta
estrategia. Mantener subsidios semanales por cientos de millones de pesos
puede convertirse en una carga importante para las finanzas públicas si las
condiciones internacionales no mejoran.
Además, la coincidencia de estas medidas con un contexto de alta sensibilidad
social suele generar debates sobre el componente político de la política de
combustibles, especialmente cuando el Estado opta por absorber aumentos que,
según la fórmula de paridad de importación, deberían reflejarse íntegramente
en el precio final.
Conclusión
La reducción anunciada por el Gobierno no obedece a una disminución de los
costos internacionales de los combustibles, sino a una decisión de política
pública sustentada en un subsidio de RD$424.53 millones.
Desde una perspectiva económica, la medida busca proteger el poder adquisitivo
de los hogares y evitar mayores presiones inflacionarias. Desde una
perspectiva fiscal, implica que el Estado asume un costo significativo para
amortiguar el impacto del mercado internacional.
En consecuencia, la noticia debe interpretarse no como una señal de que el
petróleo o los combustibles refinados están más baratos, sino como una
decisión gubernamental de utilizar recursos públicos para evitar que el
incremento de los costos internacionales llegue plenamente al consumidor
dominicano. El verdadero desafío será determinar cuánto tiempo podrá
sostenerse esta política sin comprometer el equilibrio de las finanzas
públicas.
Por Edita Rodríguez Salce, MGP









