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La estupidez de Trump

Una abeja puede destruir una tienda de cristalería fina. Debe encontrar un
toro, metérsele en la oreja y empezar a zumbar, el animal entrará a la tienda,
involuntariamente destruirá todo, para librarse del zumbido.

El presidente Donald Trump es la abeja, Irán es el toro y las instalaciones
petroleras del Golfo Pérsico son la cristalería, al final, el toro será
culpable.

Primer plano del periodista J.C. Malone sonriendo con anteojos frente a un fondo de pared de ladrillos

Recuerden cuando llegó al poder, Trump habló de controlar Canadá y
Groenlandia, antes de marchar hacia Teherán, tomó Venezuela, todos esos
lugares tienen mucho petróleo. Si Trump los controla mientras Irán, destruye
la infraestructura petrolera del golfo el planeta necesitará petróleo, y solo
Washington podrá proveerlo.

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¿Por qué Trump hace esto? Para asegurar el petrodólar, garantizar la
supremacía económica estadounidense y renegociar ventajosamente su insondable
deuda externa.

A quien esto le parezca una locura, quizá el exceso de cordura lo cegó,
impidiéndole ver la realidad, manteniéndole distraído con con misiles y
bombas. Washington destruye la infraestructura petrolera iraní, Irán destruye
las de los aliados de Washington, todo quedará destruido.

Si esto parece un disparate, es porque tiene todo el sentido del mundo, el
objetivo final de la alta política siempre se envuelve en distracciones y
confusiones. Hoy nadie entiende esa guerra, está más confusa que ayer, pero
mucho menos confusa que mañana.

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Muchos gobernantes explotan su apariencia de estúpidos para impulsar sus
agendas, porque un sabio puede actuar como estúpido, pero ningún estúpido
puede actuar como si fuera sabio.

George W. Bush alcanzó sus objetivos haciéndose pasar por estúpido; decía
“estupideces”, se burlaba de su “estupidez”. Y la mayoría estúpida se
identificaba con él.

Es un juego peligroso: de tanto actuar como idiotas, algunos cometen serias
idioteces; Hipólito Mejía destruyó la economía dominicana con la quiebra del
Banco Intercontinental (BANINTER).

Esta es la apuesta de Trump, puede ganar o perder, esperemos el final del
juego.

Groenlandia y Dinamarca armonizan con Trump, también Mark Carney, el primer
ministro canadiense; quienes apuestan a la estupidez de Trump, son los únicos
estúpidos en esta ecuación.

Por J.C. Malone

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