El drama humano en que se ha convertido la migración irregular es uno de los
desafíos más complejos, que debe enfrentar la República Dominicana y la región
latinoamericana, yaque no se puede seguir ignorando el desplazamiento de miles
de personas que abandonan sus países, escapando de la inestabilidad política,
pobreza, las desigualdades, la violencia y la falta de oportunidades.

Existen diferentes enfoques para abordar este tema de la migración irregular,
que se ha convertido en un fenómeno global, que impacta a los estados
especialmente a aquellos que reciben grandes flujos de personas, sin efectivos
mecanismos de control y regulación y sobre todo a las naciones pequeñas con
recursos y capacidad institucional muy limitados, lo que reduce su capacidad
de respuestas.
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De un lado están los que propugnan por políticas estrictamente restrictivas,
el derecho de las naciones a proteger sus fronteras mediante un estricto
control, preservar el orden interno y garantizar la seguridad nacional y por
el otro quienes creen en una apertura basada en principios humanitarios, que
reconozcan la dignidad humana de los migrantes, evitando abusos y garantizando
condiciones mínimas de protección.
Lo primero que hay que establecer es el derecho legítimo de cada país a
establecer soberanamente su política migratoria, estableciendo quien entra en
su territorio, en qué condiciones puede permanecer, sus mecanismos legales de
residencia, de trabajo y la permanencia de extranjeros dentro de sus
fronteras, facultades reconocidas internacionalmente, vinculadas a la
seguridad nacional y el orden público.
En los últimos años los fuertes flujos migratorios irregulares, el aumento del
crimen transnacional y las tensiones sociales han obligado a numerosos países
a endurecer sus controles fronterizos y a revisar sus sistemas migratorios, lo
que no debe conducir a la deshumanización, las prácticas arbitrarias,
violaciones a los derechos humanos de los migrantes, y a su dignidad humana.
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Los conceptos seguridad nacional y humanismo deben encontrar un camino común
quesituéla dignidad, los derechos y el bienestar de las personas en el centro
de las políticas públicas, alejándose de la visión tradicional que prioriza
únicamente la seguridad del Estado, ningún país puede renunciar a proteger sus
fronteras, pero tampoco se puede ignorar la dimensión humana de los flujos
migratorios contemporáneos.
Los países en esta época de la humanidad tienen de frente un gran desafío, que
es realizar esfuerzos para lograr un equilibrio entre seguridad, legalidad y
derechos humanos, el debate del tema no debe caeren extremos peligrosos, ni
criminalizar al migrante, ni ignorar los efectos reales que los flujos
migratorios irregulares pueden producir sobre los países receptores.
La experiencia internacional demuestra, que no es una garantía de solucionar
el problema, ni las políticas exclusivamente represivas ni las completamente
abiertas, la realidad es que se necesitan estrategias integrales, cooperación
internacional y que las grandes potencias y los organismos multilaterales
pasen de algunos discursos solidarios a una real asistencia financiera y
logística que ayude a gestionar la migración irregular.
La migración irregular no se puede ver solamente desde la óptica del control
fronterizo y la represión, detrás de cada gran flujo migratorio hay crisis
económicas, conflictos políticos, inseguridad, desempleo y violencia que
obligan a miles de personas a abandonar sus países en busca de mejores
condiciones de vida, oportunidades y seguridad para él y sus familiares.
La Asamblea general de Naciones Unidas ha adoptado el concepto de seguridad
humana que significa entre otras cosas , “El derecho de las personas a vivir
en libertad y dignidad, libres de pobreza y desesperación. Todas las personas,
en particular las más vulnerables, tienen derecho a vivir sin temor y sin
necesidad, con igualdad de oportunidades para disfrutar de todos sus derechos
y desarrollar plenamente su potencial humano”.
El gran reto para los estados es lograr construir políticas migratorias
equilibradas y sostenibles, que combinen la seguridad del estado sin debilitar
su estabilidad, con el respeto a los derechos humanos de los migrantes,
tratando la migración como un fenómeno regional y global que requiere de
responsabilidad política, económica y humanitaria compartida.
La migración continuará siendo uno de los temas centrales de la agenda
internacional durante los próximos años, frente a ese escenario es de suma
importancia, entender que los flujos migratorios lejos de disminuir
continuarán creciendo, por lo que los países que logren equilibrar, control y
respeto a la dignidad humana estarán mejor preparados para enfrentar y
gestionar este determinante fenómeno migratorio.
Por Luis Fernández
Analista Político y escritor









