
Heriberto Morrison. Fuente Externa
El escritor argentino, Jorge Luis Borges, dijo una vez que todas las criaturas del universo son inmortales, porque ignoran la muerte, excepto el hombre, pues éste tiene plena conciencia de su finitud. Eso explica claramente la intensa búsqueda del ser humano de lograr la inmortalidad. Aunque reconoce que lograrlo físicamente es imposible, alberga al menos el consuelo que le brinda el preceptor de Alejandro Magno, Aristóteles de que el alma es inmortal
Marcel Proust y Julio Cortázar amaron intensamente la soledad y algunas de sus obras maestras, las concibieron en medio de deseadas soledades como » A la búsqueda del tiempo perdido» y »Rayuela», sin embargo, sintieron la necesidad del reconocimiento, de la valoración, pues la única manera de alcanzar la inmortalidad, es derrotando al olvido.
Casi 400 años antes de Cristo, en su monumental obra »La Política», Aristóteles establece con gran certeza, que el hombre es un animal social y político y que su desarrollo intelectual, así como sus impactantes acciones hazañosas, se llevan a cabo en la Polis, es decir, en la ciudad-estado, donde pueden mostrar sus portentosas proezas que lo convierten en seres inmortales: inolvidable a través de los siglos.
Los países de mundo han aprendido a organizar instituciones para inmortalizar a sus grandes ciudadanos que han sabido poner a disposición de la humanidad y sus pueblos, virtudes fundamentales, que no los convierte en semidioses, como el Aquiles de Homero, pero los eleva al pináculo de la inmortalidad en la memoria colectiva
La República Dominicana tiene su entidad, encargada de elegir a sus inmortales del deporte: El Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, que dirige acertadamente, el doctor Dionisio Guzmán, junto a otros miembros prominentes.
Aunque lo hago inconsultamente, el deber me obliga a proponer públicamente al ciudadano intelectual y miembro de una distinguida familia: Heriberto Morrison como futuro miembro del pabellón de los inmortales como propulsor del deporte.
Necesitaré varias columnas para exponer sus aportes para catapultar el deporte dominicano. Es de conocimiento público sus obras conceptuales que llenan toda una bibliografía propulsora del deporte: Pasión Compartida: Deporte y Literatura. Legislación Compartida Dominicana y Estudio Comparado. El Deporte en el Estado Dominicano, Evolución y Proyección Internacional, El Deporte en el Marco de la Estrategia Nacional de Desarrollo, entre otros.
Mi amigo Heriberto fue galardonado con el Premio Internacional, Abelardo Raidi, que otorga la Federación de Periodistas Deportivos de América. En 1989, su libro » Dominicanos en Grandes Ligas, Hechos y Hazañas», fue reconocido en el Congreso de los Estados Unidos, como una obra de consulta.
Evidentemente que Heriberto Morrison lo ha hecho todo para impulsar el deporte nacional. Ha sido una verdadera gema del deporte, como una vez señaló Cuqui Córdoba










