Entender la diferencia de criterios entre el presidente Luis Abinader y la
embajadora estadounidense, Leah Campos, requiere “desaprender” lo que creemos
saber sobre soberanía y representación política.

En las películas de vampiros, cuando el vampiro le clava los colmillos a una
chica, aunque ella parece la misma, ya no lo es, es otra vampira.
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Abinader, esto parecerá extraño, es un globalista en la presidencia
dominicana. Nuestro mundo no se divide entre comunistas y capitalistas; sino,
entre globalistas y nacionalistas.
Abinader luce tan comprometido con los globalistas, que quiere eliminar las
libertades públicas que Antonio Guzmán y Peña Gómez garantizaron desde 1978.
Eso crea un extrañísimo escenario, la embajadora Campos defiende la soberanía
nacional dominicana ante el globalismo de Abinader. Recuerden, aunque la chica
luce igual, es una vampira.
El presidente Donald Trump defiende el estado-nación tradicional, con
fronteras definidas, culturas, libertad de expresión y valores nacionales. Los
globalistas del Foro Economico Mundial (FEM) quieren fronteras abiertas,
unificar las leyes y un gobierno global.
La Ley Mordaza viene del FEM. “La información incorrecta y la desinformación
generan riesgos de corto plazo, pueden alimentar la inestabilidad y reducir la
confianza en la gobernabilidad”, dijo una declaración del FEM en enero del
2025. En agosto aprobaron la importada “Ley Mordaza”.
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El FEM adelantó que los “riesgos medioambientales dominarán el horizonte de
los próximos 10 años, liderados por eventos climáticos extremos, el colapso de
la biodiversidad y los ecosistemas”. Abinader toma préstamos para “combatir el
cambio climático”.
La embajadora Campos citó el Apocalipsis, diciendo “te vomito de mi boca”,
cuando Abinader envió a su ministro de Justicia, Antoliano Peralta, a la
cumbre globalista en Barcelona, España. Ahí discutieron, controlar los medios
sociales, y el cambio climático.
Extrañamente, Campos representa la “dominicanidad”, y Abinader, quien importa
leyes y políticas del FEM, representa el globalismo. Campos defiende el legado
de Guzmán y Peña Gómez: la libertad de expresión, Abinader quiere eliminarla.
Entender esto, requiere “desaprender” viejos esquemas, y observar con
objetividad lo que hace, no lo que dice Abinader.
Por J.C. Malone









